Viene del anterior post: Pedales de Occitania: sigue o comienza la aventura, que a su vez viene del post anterior Pedales de Occitania: una aventura para contar a mi manera. (Hay continuas referencias a cosas que suceden mientras escribía el primer post y en el segundo, con lo que si se lee esta entrada sin haber leído las anteriores, es posible que el lector esté un poco perdido...)
Y ya sólo me queda contar, más que nada porque no me quiero ir de aquí que se está fenomenal, la llegada a Vielha. Nos recibió una tormenta muy suculenta a las cuatro de la tarde. El hotel estaba bien y al lado de el Rio Nere.
En Pedales de Occitania muy profesionales aunque un poco frías. Suponemos que ninguna de las chicas que están en la tienda han hecho la ruta, pues no nos dan más que indicaciones generales de dónde comer, a qué hora llegar, pero nada de bajadas técnicas ni subidas petantes. Al salir de la oficina sigue lloviendo así que, después de refugiarnos en un outlet de ropa de ski -al que prometo volver al final de la ruta a ver si me valen unos pantalones de la talla 38 - nos vamos directos al bar. Cuatro cervecitas y sigue lloviendo. Empieza a darnos miedito el día de mañana.
Al volver al hotel para cenar encontramos en recepción a un grupo de cuatro chicos y una chica que acaba de termiar la ruta, creo que en cuatro etapas. Están entusiasmados. Nos dan algunos detalles técnicos y recomendaciones, nos enseñan fotos, y nos recomiendan encarecidamente la tortilla de campaña del Sapin Florí, un restaurante que está en el pueblo de al lado de Cirés. Creo que les damos un poco de envidia. La cena normalita tirando a mala y nos vamos a dormir pensando en que como no pare de llover, al día siguiente vamos a sufrir mucho.
Pero el día siguiente amanece sin lluvia y no nos cae una gota en todo el recorrido.
Y ya sólo me queda contar, más que nada porque no me quiero ir de aquí que se está fenomenal, la llegada a Vielha. Nos recibió una tormenta muy suculenta a las cuatro de la tarde. El hotel estaba bien y al lado de el Rio Nere.
En Pedales de Occitania muy profesionales aunque un poco frías. Suponemos que ninguna de las chicas que están en la tienda han hecho la ruta, pues no nos dan más que indicaciones generales de dónde comer, a qué hora llegar, pero nada de bajadas técnicas ni subidas petantes. Al salir de la oficina sigue lloviendo así que, después de refugiarnos en un outlet de ropa de ski -al que prometo volver al final de la ruta a ver si me valen unos pantalones de la talla 38 - nos vamos directos al bar. Cuatro cervecitas y sigue lloviendo. Empieza a darnos miedito el día de mañana.
Al volver al hotel para cenar encontramos en recepción a un grupo de cuatro chicos y una chica que acaba de termiar la ruta, creo que en cuatro etapas. Están entusiasmados. Nos dan algunos detalles técnicos y recomendaciones, nos enseñan fotos, y nos recomiendan encarecidamente la tortilla de campaña del Sapin Florí, un restaurante que está en el pueblo de al lado de Cirés. Creo que les damos un poco de envidia. La cena normalita tirando a mala y nos vamos a dormir pensando en que como no pare de llover, al día siguiente vamos a sufrir mucho.
Pero el día siguiente amanece sin lluvia y no nos cae una gota en todo el recorrido.

Oigo a Julio y Josean que se acercan. Por aquí revolotea un
gorrioncillo al que también le debo parecer extranjera y eso que no me ha oído
hablar.
Llegan Gaby, Josean y Julio seguidos de una numerosa familia del pueblo. Una niña carga con una llave enorme y herrumbrosa. Parece ser la que abre la puerta de la iglesia. Entra la familia numerosa y nosotros aprovechamos para colarnos dentro. Tiene su gracia la iglesia, parece conservar alguna pintura original del románico y tallas también románicas.
Tras la visita a la iglesia les enseño el que creo es el camino que tomaremos al día siguiente y decidimos seguirlo hasta Bourg D’Oueil. Es un sendero muy bonito lleno de flores y que nos parece perfectamente ciclable, aunque al final nos decidamos por ir por el camino original del track. Llegamos al pueblo, damos una breve vuelta y nos volvemos para cenar.



