Tras un primer día agotador, intentamos ir a la cama cuanto antes para recuperar fuerzas, y aunque nos costó despertarnos, en seguida nos pusimos en marcha. La lluvia había dejado el suelo mojado pero parecía que iba a aguantar; así que a ponerse el traje de licra, desayuno de campeones, recoger maletas y justo cuando estamos todos montados en el coche nos damos cuenta de que el vehículo automotor no enciende… otro que se ha quedado sin batería!
Esta vez la ruta sería más corta pero también más técnica, así que íbamos mentalizados a reservar fuerzas en la subida para disfrutar al máximo esas trialeras en la bajada.
Dejando atrás la civilización empezamos a rodar al lado del cauce de un barranco. Ahí nos esperaban los primeros “sube y bajas” para ir calentando motores. Vamos tranquilos charlando, arreglando algún pinchazo, con la primera buena impresión de lo bien señalizada que está la ruta.
El camino se va abriendo y las cuestas se vuelven más largas y empinadas. En algún tramo las piedras sueltas nos hacen poner el pie a tierra, pero seguimos con los ánimos a tope. Pronto llegamos a un tramo más llano donde aprovechamos para reponer fuerzas.
Sin demorarnos demasiado continuamos subiendo por caminos pedregosos, alguna que otra bajada (donde Pablo creyó haber visto un mechero y se lanzó a por él), hasta el pueblo de Los Molinos, donde aprovechamos para refrescarnos en la fuente y llenar la bolsa de hidratación, para seguir subiendo por la carretera hasta el pueblo de Oncis: punto más alto del track.
Como el cuerpo aguantaba decidimos aprovechar para extender la ruta haciendo una variante, siguiendo el camino por otra ruta de categoría negra (máxima dificultad). En palabras de Josean “Hay que exprimir el viaje”.
Cuando pensábamos que por fin comenzaríamos a bajar, salía otra cuesta de infarto con tierra suelta y piedrecillas que nos exigía tirar hasta con los riñones, así que cuando empezó la bajada definitiva casi no caímos en la cuenta hasta que caímos en que llevábamos un buen rato levantados del sillín.
La bajada fue espectacular. Al principio costó hacerse con la piedra suelta, que con los brazos tan cansados se me iba la bici para todos lados, pero en seguida nos metimos por una zona más ratonera y con menor pendiente, donde sólo había que estar atento a amortiguar bien las piedras y bajar con cuidado las zanjas.

Conforme perdíamos altura, el terreno nos sorprendía más, encontrando pasos naturales donde probar nuevas habilidades en la bici, algunos resbalones sin graves consecuencias, y como colofón la última parte en una zona de “dunas” súper divertidas.
Al ver el reloj nos dimos cuenta lo tarde que era. Había que volver a Madrid antes de que oscureciera, así que nos cambiamos de prisa, meter las bicis, picar algo y abrazos de despedida!... El tiempo se nos fue volando, pero lo aprovechamos de maravilla… y nos quedamos con esas ganas de regresar muy muy pronto a recorrer todos esos caminos desconocidos.
Muchas gracias a Carlota y a Pablo por acogernos con tanto cariño y compartir con nosotros la belleza de vuestra tierra. Esperamos verlos pronto, ya sea en Madrid o por el norte!!